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En
1976, grande debió ser la sorpresa de quienes participaron
en la convención anual del “American Institute of Architects”
(AIA) cuando, Richard Wurman propuso como tema central del encuentro
a la Arquitectura de la Información y la describió como
la profesión emergente del siglo XXI.
La declaración no tuvo mayor repercusión y pasaron veinte
años antes que el propio Wurman publicara el libro “Arquitectos
de la Información” que provocó la expansión
mundial del término. Wurman definía a la Arquitectura
de la Información como una ciencia y, al mismo
tiempo, como un arte: el de organizar información.
En la actualidad, la Arquitectura de la Información atraviesa
por un período de redefinición, en
cual grandes teóricos pelean por acuñar el “nuevo
concepto”. Nos enfrentamos a un latente estado de confusión,
donde es necesario tener claros algunos conceptos e ideas.
La Arquitectura de la Información tiene un carácter
estratégico en el proceso de desarrollo de
todo proyecto en Internet, fundacional y determinante para el posible
éxito o fracaso del mismo.
Los sistemas de organización de la información
constituyen la base de todo sitio y, por lo tanto, deben ser planificados
y construidos en forma sólida a fin de ser capaces de soportar
el posterior montaje de los sistemas de navegación.
Sin embargo, la solidez no debe confundirse con rigidez.
La Arquitectura de la Información se caracteriza por su flexibilidad
que permite asimilar e incorporar los cambios que puedan sucederse
a futuro.
El carácter estratégico de la Arquitectura de la Información
encuentra correlato en la segunda meditación de Descartes,
quien reflexiona acerca que los cuerpos son concebidos en el pensamiento
y, partiendo de ese entendimiento, se facilita el conocimiento del
propio espíritu.
Según Morville y Rosenfeld, el Arquitecto de la Información
debe tener una capacidad innata de visualizar, organizar y
etiquetar información. Conjugando este criterio con
la meditación de Descartes, es claro que en el proceso cognitivo
de creación de un sitio se define su “cuerpo” y
se establecen las vías para llegar a comprender su “espíritu”.
A través de la organización de la información,
se define la misión, visión
y objetivos del sitio, aspectos constitutivos de
su identidad.
Es sobre la base de los sistemas de organización de la información
y de navegación donde interactúan los contenidos, la
identidad visual y las herramientas ó servicios que el sitio
pueda ofrecer, los cuales están sujetos a un posible cambio
permanente.
La usabilidad, por lo tanto, resulta operativa ya
que contribuye a establecer las formas a través de las cuales
los usuarios buscarán la información que necesitan,
lo cual incidirá en la experiencia de navegación que
puedan tener.
En general la mayoría de los clientes ponen una atención,
casi exclusiva, en la identidad visual y en los contenidos en sí
mismos, minimizando la importancia de cómo estos últimos
pueden ser organizados.
Como profesionales debemos advertirles y explicarles sobre la trascendencia
de la organización de contenidos en el proyecto
a encarar.
Si no lo hacemos corremos el riesgo de tener un sitio de buen desarrollo
estilístico o con interesantes contenidos, pero sin
alma, donde a los usuarios se les dificulte encontrar la
información que buscan y origine una experiencia negativa al
navegarlo.
Al planificar un sitio, también, debe tenerse en cuenta el
punto de vista del usuario. Cuando navegamos un sitio construimos
modelos mentales de los mismos compuestos por expectativas
personales, la información que encontramos y por la acción
de convenciones que nos capacitan contribuyendo a
que, consciente o intuitivamente, sepamos dónde buscar los
contenidos que necesitamos.
Todo proceso de desarrollo de sitio debe ser capaz de mantener un
eje entre los objetivos planteados, la audiencia a la cual se dirige
y los contenidos a ofrecer. La Arquitectura de la Información
sostiene ese eje, en forma coherente y consistente, estableciendo
la estrategia comunicacional fundacional, aquella
que establece cómo se organiza la información y refleja
el “espíritu” del sitio.
En Estados Unidos nuevos conceptos “fabricados”
por las empresas o teóricos reconocen que la Arquitectura de
la Información no puede ni debe trabajar en forma aislada,
tendencia muy afianzada hasta el presente en América del Norte
y Europa.
Es necesario resaltar algo obvio. Los conceptos son universales, pero
la aplicación es particular a cada realidad. Uno de los principales
errores de quienes desarrollan sitios en Internet es volcar conceptos
teóricos en forma directa a la práctica profesional,
sin dedicar tiempo ni esfuerzo al proceso de descubrimiento
de todo proyecto. Se trata de una especie de vuelta al plan
libro utilizado en la planificación de los años
60’ en las políticas estatales.
En América Latina, quienes trabajamos en Arquitectura de la
Información lo hacemos en permanente interacción
con otras disciplinas. Se trata de un proceso de aprendizaje
complementario y enriquecedor.
En Argentina los pasos son cada vez más fuertes: existe una
oferta de capacitación presencial y a distancia
que democratiza la posibilidad de acceder al conocimiento de esta
nueva disciplina; la industria editorial encara proyectos editoriales;
aquellos que nos dedicamos a la Arquitectura de la Información
nos reunimos periódicamente con el objetivo de crear comunidad
con sentido tribalista.
No deben regirnos las doctrinas, no debe cegarnos la tentación
de encontrar una verdad individual. Es vital producir conocimiento
crítico con anclaje en nuestra realidad, de manera
de afianzar una identidad que pueda ser proyectada a nivel mundial.
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