Abril 5, 2005:
La Arquitectura de la Información como estrategia comunicacional
 
  Análisis
de contenidos

 
  Arquitectura
de la información
 
  Capacitación  
  Desarrollo
de proyectos
 
  Evaluaciones  
  Reportes  
  Sistemas
de Etiquetas y navegación.
 
  Pablo A. Lerner
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pablo@eitan.ws
 
 
 
En 1976, grande debió ser la sorpresa de quienes participaron en la convención anual del “American Institute of Architects” (AIA) cuando, Richard Wurman propuso como tema central del encuentro a la Arquitectura de la Información y la describió como la profesión emergente del siglo XXI.

La declaración no tuvo mayor repercusión y pasaron veinte años antes que el propio Wurman publicara el libro “Arquitectos de la Información” que provocó la expansión mundial del término. Wurman definía a la Arquitectura de la Información como una ciencia y, al mismo tiempo, como un arte: el de organizar información.
En la actualidad, la Arquitectura de la Información atraviesa por un período de redefinición, en cual grandes teóricos pelean por acuñar el “nuevo concepto”. Nos enfrentamos a un latente estado de confusión, donde es necesario tener claros algunos conceptos e ideas.
La Arquitectura de la Información tiene un carácter estratégico en el proceso de desarrollo de todo proyecto en Internet, fundacional y determinante para el posible éxito o fracaso del mismo.
Los sistemas de organización de la información constituyen la base de todo sitio y, por lo tanto, deben ser planificados y construidos en forma sólida a fin de ser capaces de soportar el posterior montaje de los sistemas de navegación.
Sin embargo, la solidez no debe confundirse con rigidez. La Arquitectura de la Información se caracteriza por su flexibilidad que permite asimilar e incorporar los cambios que puedan sucederse a futuro.
El carácter estratégico de la Arquitectura de la Información encuentra correlato en la segunda meditación de Descartes, quien reflexiona acerca que los cuerpos son concebidos en el pensamiento y, partiendo de ese entendimiento, se facilita el conocimiento del propio espíritu.
Según Morville y Rosenfeld, el Arquitecto de la Información debe tener una capacidad innata de visualizar, organizar y etiquetar información. Conjugando este criterio con la meditación de Descartes, es claro que en el proceso cognitivo de creación de un sitio se define su “cuerpo” y se establecen las vías para llegar a comprender su “espíritu”.
A través de la organización de la información, se define la misión, visión y objetivos del sitio, aspectos constitutivos de su identidad.
Es sobre la base de los sistemas de organización de la información y de navegación donde interactúan los contenidos, la identidad visual y las herramientas ó servicios que el sitio pueda ofrecer, los cuales están sujetos a un posible cambio permanente.
La usabilidad, por lo tanto, resulta operativa ya que contribuye a establecer las formas a través de las cuales los usuarios buscarán la información que necesitan, lo cual incidirá en la experiencia de navegación que puedan tener.
En general la mayoría de los clientes ponen una atención, casi exclusiva, en la identidad visual y en los contenidos en sí mismos, minimizando la importancia de cómo estos últimos pueden ser organizados.
Como profesionales debemos advertirles y explicarles sobre la trascendencia de la organización de contenidos en el proyecto a encarar.
Si no lo hacemos corremos el riesgo de tener un sitio de buen desarrollo estilístico o con interesantes contenidos, pero sin alma, donde a los usuarios se les dificulte encontrar la información que buscan y origine una experiencia negativa al navegarlo.
Al planificar un sitio, también, debe tenerse en cuenta el punto de vista del usuario. Cuando navegamos un sitio construimos modelos mentales de los mismos compuestos por expectativas personales, la información que encontramos y por la acción de convenciones que nos capacitan contribuyendo a que, consciente o intuitivamente, sepamos dónde buscar los contenidos que necesitamos.
Todo proceso de desarrollo de sitio debe ser capaz de mantener un eje entre los objetivos planteados, la audiencia a la cual se dirige y los contenidos a ofrecer. La Arquitectura de la Información sostiene ese eje, en forma coherente y consistente, estableciendo la estrategia comunicacional fundacional, aquella que establece cómo se organiza la información y refleja el “espíritu” del sitio.
En Estados Unidos nuevos conceptos “fabricados” por las empresas o teóricos reconocen que la Arquitectura de la Información no puede ni debe trabajar en forma aislada, tendencia muy afianzada hasta el presente en América del Norte y Europa.
Es necesario resaltar algo obvio. Los conceptos son universales, pero la aplicación es particular a cada realidad. Uno de los principales errores de quienes desarrollan sitios en Internet es volcar conceptos teóricos en forma directa a la práctica profesional, sin dedicar tiempo ni esfuerzo al proceso de descubrimiento de todo proyecto. Se trata de una especie de vuelta al plan libro utilizado en la planificación de los años 60’ en las políticas estatales.
En América Latina, quienes trabajamos en Arquitectura de la Información lo hacemos en permanente interacción con otras disciplinas. Se trata de un proceso de aprendizaje complementario y enriquecedor.
En Argentina los pasos son cada vez más fuertes: existe una oferta de capacitación presencial y a distancia que democratiza la posibilidad de acceder al conocimiento de esta nueva disciplina; la industria editorial encara proyectos editoriales; aquellos que nos dedicamos a la Arquitectura de la Información nos reunimos periódicamente con el objetivo de crear comunidad con sentido tribalista.
No deben regirnos las doctrinas, no debe cegarnos la tentación de encontrar una verdad individual. Es vital producir conocimiento crítico con anclaje en nuestra realidad, de manera de afianzar una identidad que pueda ser proyectada a nivel mundial.

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