Abril 8, 2005:
La enseñanza de la Arquitectura de la Información en Argentina
 
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  Pablo A. Lerner
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pablo@eitan.ws
 
 
 

El 19 de abril comenzará la edición 2005 del Programa de Actualización en Diseño Digital (PADD) de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

El año anterior fui convocado por el Director del PADD, Arq. Arturo Montagú, para que me hiciera cargo del bloque académico correspondiente a la Arquitectura de la Información en una Clínica de Interfaces.

Dar clases en el PADD me llena de orgullo personal. No solamente por la amistad que me une con el Profesor Montagú sino por la profunda admiración a quien tiene una distinguida y reconocida carrera académica dentro de la gráfica digital, desde sus mismos inicios en la década del 60’, aún antes de la invención del mouse por Doug Engelbart, diez años más tarde.

Mientras en Estados Unidos de Norteamérica, Canadá y Australia, la oferta de programas, cursos y posgrados sobre Arquitectura de la Información crece constantemente en calidad y cantidad, en Argentina es escasa.

El Centro de Actualización Profesional (CAP) de la FADU en 2002, lanzó el primer curso de Arquitectura de la Información, en modalidad a distancia, que registra inscriptos de Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y España.

Más allá de estas y otras experiencias, las universidades nacionales y privadas aún no desarrollaron ofertas de posgrado relativas a la Arquitectura de la Información. Si bien es cierto que los alcances de esta disciplina no hay sido muy difundidos, aún entre las mismas agencias de diseño, existe un potencial interés en la misma demostrado por la convocatoria a un curso gratuito que ofrecieran en conjunto la FADU y el diario Clarín en 2003.

Secretarios académicos, responsables de universidades y centros educativos podrían preguntarse en este momento qué valores agregados aporta la Arquitectura de la Información a la formación profesional de diseñadores, comunicadores sociales, programadores y otras ciencias relacionadas con Internet.

En otra oportunidad me referí a la vinculación de la Arquitectura de la Información con las estrategias comunicacionales que todo sitio propone, como también realicé una breve reseña de su historia y objetivos. Sin embargo, una vez más me parece importante destacar que la Arquitectura de la Información cumple un rol fundamental en la relación del usuario con la interfaz, facilitando el acceso a la información que necesita, lo cual nos incumbe a todos las personas que trabajamos con proyectos de Internet.

Pocos académicos y desarrolladores de sitios, se han cuestionado sobre cómo se transforma la relación del usuario con un hospital, una universidad o un banco, al entrar en la web de los mismos. La construcción de la imagen corporativa, según el concepto de Chaves, ha sido brutalmente modificada desde la explosión de Internet tal cual lo explica Diego Pimentel, en el capítulo “Superconectados” del libro Cultura Digital publicado por PAIDOS, al dimensionar el abismo que se produce entre la realidad y la imagen a través de la mera percepción que realiza cada individuo desde su monitor.

La necesidad de una visión universal de la relación usuario - interfaz, sólo alcanzable desde una perspectiva multidisciplinar, hace de la Arquitectura de la Información una herramienta imprescindible en la formación académica de los profesionales vinculados a las nuevas tecnologías.

La Arquitectura de la Información y sus aplicaciones prácticas, no sólo están alcanzando a aparatos celulares, dispositivos electrónicos y video juegos, sino que están comenzando a ser tratados en funciones “no tecnológicas” que afectan la vida cotidiana de las personas, donde intervienen otras ciencias como la psicología, la antropología, la arquitectura tradicional y la semiología, entre otras.

Es por ello que la labor no debe cerrarse en los claustros, sino a través de la investigación encontrar la posibilidad de producir elementos que resulten útiles y contribuyan a mejorar la calidad de vida de los usuarios tal como, por ejemplo, lo hizo el arquitecto Julio Bermúdez al desarrollar un dispositivo que facilita la labor de los anestesistas y contribuye a evitar muertes en salas de operaciones.



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