Si el sueño fuera -como dicen- una tregua, un puro reposo de la mente ¿Por qué, si te despiertan bruscamente, sientes que te han robado una fortuna? (Jorge Luis Borges).
Dejé pasar unos días. Que mi corazón se apaciguara. Que mi mente pudiera visualizar, organizar y etiquetar recuerdos y emociones. Dejé correr sonrisas y lágrimas. Pero, no hay dudas, me sigue asombrando la vida.
Cuando nacía eitan.ws, moría el Profesor Arturo Montagú a quien ese mismo día (sin saber su fallecimiento) le dedicaba parte de una columna referida a la enseñanza de la Arquitectura de la Información en Argentina. Como regla casi natural de la vida, cuando una puerta se cierra, otra se abre.
Con la desaparición física de Arturo queda el legado de una persona que dedicó más de 40 años de su vida a la práctica, enseñanza e investigación en el campo de la gráfica digital. Arturo fue pionero y visionario, además de tener el don divino de contar con una increíble calidad humana, que aprendimos a amar.
Profesor de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires y Director del Programa de Actualización en Diseño Digital (PADD), en los años 60’ fue becado por el Consejo Británico, y realizó estudios de posgrado en la Architectural Association School of Architecture, Londres, y en Manchester, recibiendo el premio de investigación científica aplicada del Royal Institute of British Architects (RIBA) .
Investigador del CONICET, fue el primer presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gráfica Digital (SIGRADI) en 1997 cuando organizó, desde el Centro de Creación Asistida por Ordenador (CAO), el primer encuentro de esta Sociedad que permitió la integración de grupos de investigación de Argentina, Chile, Brasil, Perú, Uruguay. En la actualidad, la SIGRADI está vinculada con universidades de Estados Unidos, Europa y Oceanía.
En el año 2000 la creación del PADD, significó el primer posgrado anual de diseño dictado en una universidad argentina, sobre el cual Arturo decía que “influenciamos a cierto grupo de gente, ayudamos a formarlos en todas las disciplinas relacionadas con la tecnología digital” (Cultura Digital. Comunicación y Sociedad. Paidos, 2004).
Justamente el año pasado, Arturo me invitó participar del PADD en una Clínica de Interfaces. Cuando lo ví, por última vez, dijo “Si tenemos suerte, en 2005 volveremos a trabajar juntos”, yo sabía que era un sueño (por su condición de salud) y al despertarme con la noticia de su fallecimiento, sentí que me habían robado una fortuna. Pero enseguida pensé en la gran suerte que tuve de haber trabajado junto a él, auque sea un momento mínimo en el tiempo.
Que pena por los "Paddistas 2005" que no podrán escuchar a Arturo en la clase inaugural quizás hablando sobre la necesidad de poner la crítica de los medios en un contexto objetivo y real, reconociendo el proceso de globalización en el cual vivimos. Hubiera sido, una vez más, apasionante.
Desde hace tiempo, vengo sosteniendo que la FADU es mi segunda casa académica. Y para sentir algo como un hogar, una persona debe estar contenida, poder desarrollar sus capacidades y, cómo no, rodearse de gente a las que uno sienta como de su propia familia.
Con Arturo, se fue una especie de padre para mí. Comparto esta columna con “mi familia” de la Facultad: Graciela Leyboff, Diego Pimentel y Martín Groisman.
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